Imaginemos por un instante el viento de Saint-Malo golpeando frente al Atlántico. El cielo de Bretaña, el olor del mar, las viejas murallas y, de pronto, algo inesperado: una cumbia.
Pero una cumbia cantada en francés.
Ahí, quizá, comienza el viaje musical de Matjé.
Criado en Saint-Malo, después habitante de París y hoy instalado en La Roche-sur-Yon, en el oeste de Francia, Matjé parece haber construido su música con una maleta siempre abierta.
Dentro caben la chanson française y el hip-hop, pero también la cumbia colombiana, el forró brasileño, el soukous africano, el maloya de La Reunión y el salegy de Madagascar.
Y todo se mezcla.

En “Cumbia Fanée”, el acordeón, el güiro, las guitarras y las percusiones nos alejan rápidamente de las costas francesas. El saxofón soprano de Alain Debiossat, integrante de Sixun, termina de colorear el paisaje.
La canción fue elegida por Putumayo World Music para formar parte de Global Celebration en 2024. Y quizá no sea casualidad: es una canción nacida precisamente para viajar.
Después llega “Ton Soleil” y el paisaje cambia.
La fiesta deja espacio a algo más íntimo. Una kora africana se escucha entre cumbia, reggae y chanson française, mientras Matjé habla de esos amores que terminan pero que, de alguna manera, continúan iluminándonos.
Y ahí está lo interesante.
Matjé no parece preguntarse demasiado de dónde viene cada ritmo. Simplemente los deja encontrarse.
Colombia puede conversar con Bretaña. África puede entrar en una canción francesa. Una kora puede acompañar un corazón roto.
Quizá por eso su música tiene algo de viaje.
Uno comienza escuchándola en Francia y nunca sabe exactamente dónde terminará.