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Cada vez más jóvenes adultos dicen estar agotados sin estar enfermos. Detrás de esa fatiga difícil de explicar, los profesionales de la salud observan un fenómeno que bien podría convertirse en uno de los desafíos silenciosos de nuestra época.

Sarah tiene 24 años y, a primera vista, nada parece justificar el agotamiento que siente desde hace varios meses. No trabaja en un entorno particularmente exigente. Suele dormir entre siete y ocho horas por noche. No padece ninguna enfermedad conocida y sus exámenes médicos no revelaron ningún problema en particular.

Sin embargo, cada mañana vuelve la misma sensación: la de empezar el día con la impresión de que ya le falta energía.

Al principio, pensaba que atravesaba una etapa difícil. Luego las semanas se convirtieron en meses. Empezó a cancelar algunas salidas, a posponer proyectos y a sentir una fatiga constante que cada vez le costaba más explicar a quienes la rodean.

«Todo el mundo me decía que descansara más. Pero incluso después de una buena noche de sueño, tenía la impresión de no recuperarme nunca del todo.»

Su historia está lejos de ser única. En varias clínicas y centros de salud, los profesionales observan un aumento de las consultas relacionadas con lo que algunos llaman ahora la fatiga invisible: una fatiga que no va necesariamente acompañada de una enfermedad física, pero que afecta profundamente la vida cotidiana.

Una generación solicitada sin descanso

Los médicos y los especialistas en salud mental constatan que muchos jóvenes adultos viven en un entorno donde los estímulos son permanentes: teléfono inteligente, notificaciones, correos electrónicos, redes sociales, noticias en continuo. Incluso cuando no trabajan, muchos tienen la sensación de seguir mentalmente conectados a algo.

Esta presencia constante de la información crea una forma de carga cognitiva que puede pasar desapercibida. El cuerpo está en reposo, pero la mente, en cambio, suele seguir funcionando a pleno rendimiento. Según varios especialistas, esta hiperestimulación cotidiana podría contribuir a explicar por qué algunas personas se sienten agotadas incluso cuando duermen lo suficiente.

El contexto de la salud mental, de manera más amplia, da relieve a estas observaciones. En Francia, el Barómetro 2024 de Santé publique France reveló que casi un adulto de cada seis había vivido un episodio depresivo durante el año, siendo los jóvenes de 18 a 29 años los más afectados. Por su parte, la aseguradora AXA señalaba en su estudio internacional de 2025 que la salud mental se había convertido en la primera causa de bajas laborales de larga duración, una situación agravada entre los jóvenes por un uso intensivo de las pantallas y las redes sociales.

Algunas referencias

1 de cada 6 adultos habría vivido un episodio depresivo en 2024 (Santé publique France)
≈ 25 % de los jóvenes de 15 a 29 años declara síntomas depresivos (Ipsos / Institut Montaigne, 2025)
1 de cada 2 adultos duerme menos de 7 horas por noche (Santé publique France)
1.ª causa de bajas laborales de larga duración: la salud mental (AXA, 2025)

Una fatiga que no se parece a la de antes

Tradicionalmente, la fatiga se asociaba a un esfuerzo físico importante o a la falta de sueño. Hoy, los profesionales de la salud observan una realidad más compleja. Muchos jóvenes describen una sensación de agotamiento mental difícil de definir: cumplen con sus tareas cotidianas, siguen trabajando o estudiando, pero con la impresión de que cada actividad exige más esfuerzo que antes.

Esta fatiga no siempre es visible. No deja huellas físicas evidentes. No se mide con facilidad. Y es precisamente eso lo que la hace difícil de reconocer. Varias personas siguen funcionando con normalidad en apariencia, mientras tienen la sensación interior de estar constantemente al límite de sus recursos.

La ansiedad silenciosa del rendimiento

Más allá de la tecnología, los especialistas evocan otra realidad: la presión del rendimiento. Los jóvenes adultos de hoy se desenvuelven en un entorno donde las comparaciones son omnipresentes. Los logros profesionales, los viajes, los proyectos personales e incluso el bienestar parecen exhibirse constantemente en las plataformas digitales.

Para algunos, esta comparación permanente crea una forma de tensión psicológica continua. Sin siquiera ser conscientes de ello, desarrollan la impresión de que siempre deben hacer más, lograr más o avanzar más rápido. Con el tiempo, esta presión puede contribuir a agotar los recursos mentales y emocionales.

A veces, el agotamiento no proviene de una falta de voluntad ni de sueño. Proviene simplemente del hecho de que nuestra mente nunca tiene verdaderamente la ocasión de detenerse.

Cuando el cuerpo pide una pausa

Una de las observaciones que más se repite entre los profesionales es que esta fatiga constituye a veces una señal más que un problema aislado. El cuerpo y la mente intentan indicar que un equilibrio se está rompiendo.

Señales que no conviene ignorar

  • Dificultades de concentración
  • Pérdida de motivación
  • Irritabilidad inusual
  • Trastornos del sueño
  • Necesidad creciente de aislamiento

Estas señales no significan necesariamente que una persona esté en situación de agotamiento profesional o de depresión, pero a menudo merecen tomarse en serio — y escucharse antes de que se agraven.

Una toma de conciencia que comienza

La buena noticia es que la fatiga invisible se reconoce hoy mucho más que hace algunos años. Los profesionales de la salud mental, los médicos y los investigadores se interesan cada vez más por esta realidad que afecta a una parte importante de la población.

Numerosas iniciativas fomentan ahora hábitos más equilibrados: reducción del tiempo de pantalla, actividad física regular, periodos de desconexión, sueño de calidad y una mejor gestión del estrés. Estas soluciones pueden parecer simples, pero responden a una necesidad fundamental: permitir que el cerebro recupere verdaderos momentos de descanso.

Una cuestión que concierne a toda una generación

La historia de Sarah no es excepcional. Se parece a la de miles de jóvenes adultos que prosiguen sus estudios, construyen su carrera, cuidan sus relaciones e intentan seguir el ritmo de un mundo que nunca se detiene realmente.

La fatiga invisible no siempre es fácil de explicar. No se ve en una radiografía. No aparece necesariamente en los análisis médicos. Pero es muy real para quienes la viven.

¿Y si el verdadero descanso comenzara por concederle a la mente el derecho de detenerse?

¿Necesitas hablar de ello?

Si esta fatiga se instala, se agrava o va acompañada de un malestar persistente,

no hay ninguna razón para enfrentarlo a solas. Un médico de familia o un profesional

de la salud mental puede ayudarte a ver con más claridad.

En Quebec, el servicio Info-Social 811 ofrece escucha psicosocial

gratuita y confidencial, las 24 horas del día.

La Touche | Una Mirada Positiva sobre el Mundo

 

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Article Categories:
Ciencia y Salud

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