En muchas ocasiones, no es necesario expresar la belleza de un momento. Esos segundos pasan y la música sigue volando entre los profundos rayos del sol y las nubes condensadas, llenas de amor.
La fortaleza de la música no está siempre en entenderla; también está en sentirla, acariciarla y, sobre todo, venerarla en su máximo esplendor.