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En medio de una catástrofe que ha enlutado a Venezuela, una imagen le devolvió la esperanza al mundo entero: la de una madre y su bebé de 18 días, sacados con vida de los escombros de su edificio. Dayana Patiño cuenta cómo su hijo la ayudó a resistir.

El 25 de junio, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 — entre los más potentes registrados en el país en más de un siglo — sacudieron el norte de Venezuela. La región costera de La Guaira, vecina de Caracas, fue la más golpeada. El balance, aún provisional, supera los 1450 muertos, y decenas de miles de personas siguen desaparecidas. En ese paisaje de desolación, algunos rescates hicieron soplar un viento de esperanza. El de Dayana y su pequeño Juan David es uno de ellos.

«Mientras él estuviera vivo, yo iba a estarlo también.»

Horas interminables bajo los escombros

Desde una clínica de Caracas, adonde fueron trasladados ella y su hijo, Dayana Patiño relató a la BBC las horas aterradoras que pasó bajo tierra. Estaba lavando los platos en su apartamento, en el octavo piso, cuando la tierra empezó a temblar. Pensando que era un simple temblor, corrió a tomar en brazos a su único hijo. «Sentí como si estuviera volando», recuerda, antes de hundirse «en el agua y la tierra». Atrapada, con una pierna bloqueada bajo el hormigón y la sien contra una roca, primero gritó — y luego comprendió que nadie la oía.

Operaciones de rescate tras los terremotos en Venezuela

Entonces decidió ahorrar fuerzas, gritando solo cuando percibía pasos o voces. Su hijo, en cambio, se convirtió en su razón para permanecer despierta: cada cierto tiempo, con la punta de los dedos, le tocaba la naricita para asegurarse de que aún respiraba. Bajo ella sintió una biblia; a lo lejos, un diminuto punto de luz «que parecía la luna». Fue ahí, dice, donde comenzó su «camino de supervivencia».

«¡Aquí estoy!»

La salvación llegó de una voz familiar. En la oscuridad, Dayana acabó oyendo a su hermano gritar su nombre. «Me dije: es mi única oportunidad», cuenta. Con todas sus fuerzas, gritó: «¡Aquí estoy!» Su hermano le respondió que la había encontrado y que no se iría sin ella. Cumplió su promesa. Siguió una delicada operación de rescate para sacar a la madre y al niño de los escombros, una treintena de horas después del drama. Dayana sufre heridas en ambas piernas; Juan David, en cambio, solo tuvo rasguños. Según una rescatista, ni la madre ni el bebé tenían la menor fractura — «un milagro».

La catástrofe en cifras

7,2 y 7,5 Las magnitudes de los dos terremotos del 25 de junio, entre los más fuertes en un siglo
~1450 Muertos confirmados hasta hoy; decenas de miles de desaparecidos
12 721 Personas que perdieron su vivienda, y más de 3000 heridos
680 000 Niños que necesitan ayuda humanitaria, según UNICEF

El padre: «Sentí que la vida volvía a mí»

En el momento de las sacudidas, Gerson, el marido de Dayana, acababa de llegar y de aparcar el coche. Logró ponerse a salvo saltando una valla. Pero al ver el estado de su edificio, temió lo peor. En las imágenes del rescate, compartidas en el mundo entero, se le ve cerrar los ojos y alzar el rostro al cielo mientras estrecha a su hijo contra sí, sobrepasado por la emoción. «Creía que estaban muertos. Y cuando vi a mi hijo, sentí que volvía a nacer», confió.

En las imágenes del rescate, un padre alza los ojos al cielo, con su recién nacido en brazos. Una escena convertida, para todo un país, en símbolo de esperanza.

Reconstruirlo todo, desde cero

La familia lo ha perdido todo: su vivienda, sus bienes y su perro, todavía sin aparecer. Pero Dayana y Gerson lo dicen con sencillez: empezarán de cero. «Hemos perdido casi todo, pero aquí estamos. Reconstruiremos», resume el padre. Su historia no es la única: pese a que la ventana crítica de las 72 horas ya quedó atrás, equipos de Venezuela, Estados Unidos, Francia y otros países siguen rastreando los escombros, y varios supervivientes — entre ellos un hombre y su hijo, tras cuatro días bajo los restos — fueron aún hallados con vida.

Labores de búsqueda y rescate en La Guaira, Venezuela

En la peor de las noches, un bebé de 18 días mantuvo despierta a su madre. Y al amanecer, fue todo un país el que se aferró a ese aliento diminuto.

Para recordar

Detrás del balance terrible de esta catástrofe hay gestos de coraje y de solidaridad que recuerdan la fuerza del vínculo humano. A quienes aún buscan a los suyos, el mundo les debe su ayuda — y su atención.

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