Se habla de la mayor competición que existe para un futbolista. El Mundial. El sueño de una carrera. Y, sin embargo, en pleno Mundial 2026, dos hombres recordaron una evidencia que solemos olvidar: hay cosas que están por encima de todo lo demás.
Por un lado, Jérémy Doku, el extremo de los Diablos Rojos, dispuesto a dejar la competición en cualquier momento para estar junto a su pareja en el nacimiento de su hijo. Por otro, Didier Deschamps, el seleccionador de los Bleus, que abandonó Estados Unidos en plena competición para regresar a Francia tras el fallecimiento de su madre y asistir a sus funerales. Dos situaciones distintas, un mismo reflejo: la familia primero.
Dos hombres, una misma decisión
| Jérémy Doku | Dispuesto a dejar el Mundial para estar presente en el nacimiento de su hijo |
| Didier Deschamps | Regresó a Francia, en plena competición, tras el fallecimiento de su madre |
El escenario más grande del fútbol, y aun así miraron hacia otro lado: hacia quienes aman.
Cuando la familia va antes que el sueño de una vida
Hay que medir lo que representan estas decisiones. Un Mundial, para un futbolista, es la cima de una carrera — cientos de jugadores soñarían con estar en su lugar. La decisión de Doku incluso desató un debate público, con quienes juzgaban impensable abandonar semejante cita. Y, sin embargo, no dudó. Y a nadie, evidentemente, se le habría ocurrido reprochar a Deschamps que regresara a despedirse de su madre. En ambos casos, la jerarquía de prioridades se impuso por sí sola.

Estas dos historias, por distintas que sean — un nacimiento, un duelo —, dicen lo mismo. Por inmenso que sea un objetivo profesional, existen momentos de la vida que no se repiten, y ante los cuales todo lo demás se desvanece.
Una pregunta que va más allá del fútbol
Y eso invita a reflexionar. En el mundo laboral, ¿cuántas personas se pierden un nacimiento, una boda, un momento importante — o un último adiós — en nombre de su carrera? Como si el puesto fuera irremplazable. Como si el proyecto no pudiera esperar. Como si unos días de ausencia fueran a cambiar, por sí solos, el destino de una empresa.
Se puede respetar profundamente la ambición — y aun así costar entender por qué tantas personas consideran normal sacrificar su vida personal en el altar del trabajo. Porque la verdad es simple: una empresa siempre acabará encontrando a alguien para ocupar un puesto.
Una empresa siempre encontrará a alguien que te reemplace. Nadie reemplazará tu presencia junto a quienes de verdad importan.
Lo que no se reemplaza
Si unos hombres en la cima de su arte, en pleno Mundial, saben soltar la mochila para reunirse con los suyos, quizás nosotros, cada uno a nuestra escala, podamos permitirnos lo mismo. Estar ahí para un nacimiento. Estar ahí para un último adiós. Estar ahí, sencillamente, cuando importa. El trabajo continuará. Los proyectos esperarán. Pero ciertos instantes solo pasan una vez.

Al final, no son nuestros títulos lo que nos llevamos, sino los momentos que elegimos no perdernos.
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